¿QUIÉN SOY CUANDO NADIE ME MIRA?
La identidad que perdemos, la identidad que fingimos y la identidad que Dios nunca olvidó Durante muchos años pensé que sabía quién era. Si alguien me hubiera preguntado mi nombre, lo habría dicho sin vacilar. Si me preguntaban de dónde venía, tenía una respuesta. Si querían saber qué hacía, también. Podía hablar de mi familia, de mi trabajo, de mi fe, de mis viajes, de los lugares donde había vivido, de las cosas que había aprendido y hasta de las heridas que había sobrevivido. Tenía respuestas para casi todo. Excepto para una pregunta. ¿Quién eres cuando todo eso desaparece? Esa pregunta no llegó a mí mientras estaba leyendo un libro. Tampoco la escuché en una conferencia. No apareció durante una oración particularmente espiritual. Llegó una mañana cualquiera. El hombre del espejo. Me estaba mirando al espejo. Nada extraordinario. El mismo rostro. Los mismos ojos. Las mismas arrugas que uno va descubriendo poco a poco hasta que un día ya no puede fingir ...